Salud pública y microbiología

HermeLa Dra. Herme Vanaclocha, es la Subdirectora General de Epidemiología y Vigilancia de la Salud, de la Dirección General de Salud Pública, de la Comunidad Valenciana, y una estudiosa de los temas de sanidad de la población. Ha aceptado gustosamente la invitación de AMYS, para darnos su opinión sobre aspectos relacionados con la finalidad de AMYS. Concretamente sobre lo descrito en el epígrafe que sigue.

LAS ENFERMEDADES INFECCIOSAS, PUNTO DE ENCUENTRO DE LA SALUD PÚBLICA Y LA MICROBIOLOGÍA.

– ¿Nos puede hacer una breve introducción al tema?

El estudio solución de las epidemias ha sido una de las actividades más antiguas de la salud pública. En la Edad Media, la decisión de la República de Venecia al mantener alejado del puerto un barco en plena epidemia de peste bubónica, constituye la primera acción de salud pública como la entendemos en la actualidad, como función de estado.

No voy a hacer aquí un correlato histórico sino simplemente resaltar que el control de las enfermedades infecciosas es su actividad más tradicional. Paralelamente, la esencia de la microbiología clínica es el diagnostico etiológico para ayudar al tratamiento estas enfermedades. Parece que hay un punto de encuentro entre estas dos disciplinas científicas.

– Pero ¿las enfermedades infecciosas son un problema de salud pública?

Aunque parezca obvio, la respuesta a esta pregunta no siempre ha sido afirmativa.
Hasta la mitad del siglo XX, el patrón epidemiológico dominante era el modelo infeccioso; sin embargo, el desarrollo económico y social junto a los avances científicos, especialmente en el campo de la microbiología, los antimicrobianos y las vacunas llevó a cierto optimismo sobre todo en los países desarrollados.

En 1963, Thomas Aidan Cockburn, médico y epidemiólogo británico, en su libro La Evolución y Erradicación de las Enfermedades Infecciosas escribió “…. en un futuro no muy lejano, parece razonable anticipar que las infecciones más importantes desaparecerán.” Dos años después, el Cirujano General de EE UU (Jefe Operativo del Servicio de Salud Pública de los EE UU), Willian H. Stewart, consideraba que podía ser posible “…con intervenciones como las vacunas y los antimicrobianos cerrar el libro de las enfermedades infecciosas y destinar los recursos de salud pública a las enfermedades crónicas”…”la guerra contra las enfermedades infecciosas ha sido ganada “

– ¿Fue eso así?

No. Dos décadas más tarde pudimos comprobar que la transición del patrón infeccioso al de enfermedades crónicas no se había completado. Desde los años ochenta estamos siendo testigos de modernas y viejas amenazas en la salud global; se están identificando nuevas enfermedades infecciosas a un ritmo vertiginoso lo que ha supuesto cambios importantes para la salud humana, otras han cambiado y pocas se han erradicado. Hoy en día existen al menos 40 enfermedades y microorganismos que se desconocían una generación atrás. Sin hacer una relación exhaustiva merece la pena destacar, por su repercusión en la población, el VIH en los inicios de los 80, la nueva variante de la enfermedad Creutzfeldt-Jacob en la década de los 90; el Síndrome Agudo Respiratorio Grave (SARS), los S. aureus resistentes a la meticilina (SARM), la tuberculosis multiresistente en los inicios del siglo XXI, las infecciones por los virus Ébola y Hantavirus, la enfermedad de Lyme, la legionelosis, los agentes del bioterrorismo y la pandemia por AH1N1 en la década actual. Además, en la actualidad, en esta carrera de obstáculos, también nos enfrentamos a las resistencias de los microorganismos a los antimicrobianos.

– ¿Qué está pasando?

El mundo se ha transformado en un breve espacio de tiempo. El crecimiento demográfico exponencial, la incursión en zonas antes deshabitadas, la rápida urbanización y la aparición de las “megaciudades”, las prácticas agrícolas intensivas, el deterioro del medio ambiente, así como el uso masivo de los antimicrobianos, y otras circunstancias, han llevado a cambios en el ecosistema y ha roto el equilibrio ecológico de los microorganismos.

La globalización, además, nos ha traído un mundo interdependiente e interconectado, en continuo movimiento. Solo el tráfico aéreo mueve mas de 2.500 millones de personas año, lo que añadido al volumen del comercio internacional, la migración de personas y el turismo, ofrece innumerables oportunidades para la rápida diseminación de microorganismos y sus vectores.

En definitiva, disponemos de suficientes pruebas para poder afirmar que, efectivamente, las enfermedades infecciosas siguen siendo un importante problema de salud pública y su control es uno de los elementos estratégicos de los modernos sistemas de salud.

– ¿Cómo se puede afrontar este control?

A partir de sistemas que refuercen el descubrimiento precoz y la respuesta rápida. Necesitamos laboratorios de microbiología bien dotados con capacidad de detección y sistemas de vigilancia suficientemente dinámicos para disponer de la información con prontitud, analizarla y proporcionar rápidamente la respuesta adecuada.

Es en este punto donde se imbrican las dos disciplinas científicas como nunca antes habíamos visto. La capacidad diagnóstica que ofrece la microbiología hoy día, junto al desarrollo de la vigilancia epidemiológica, especialmente desde la incorporación a estos sistemas de la tecnología de la información y comunicación, nos permite ser capaces de detectar, comprobar y responder rápidamente y de forma adecuada, para reducir, en la medida de lo posible, su repercusión en la salud.

Los tiempos donde las actuaciones de salud pública para el control de las enfermedades infecciosas se basaban en la sospecha diagnóstica han pasado a la historia. Hoy no tiene ningún sentido realizar una vigilancia epidemiológica que no esté basada en la vigilancia microbiológica. La complejidad del mundo actual exige aproximarse a los problemas desde equipos multidisciplinares. El objetivo es común, la colaboración y complicidad entre microbiólogos y epidemiólogos es imprescindible.


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