Nobel de Medicina y Fisiología 2017

369(1)El Professor Thomas Perlmann, Secretario del Comité del Nobel para Fisiología y Medicina, anunció el 02-10.2017 que la Asamblea de los premios Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo había distinguido con el Premio Nobel de Medicina 2017 a los investigadores estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young.

El galardón se debe a sus investigaciones sobre los mecanismos moleculares que regulan los ritmos circadianos.

Jeffrey C. Hall nació en Nueva York en 1945, se graduó en 1971 en la Universidad de Washington y, tras realizar una estancia posdoctoral en el Instituto de Tecnología de California, entró a formar parte de la Universidad Brandeis, en cuyos laboratorios realizó los experimentos que le han valido el Nobel. Actualmente trabaja en la Universidad de Maine.

Michael Rosbash nació en 1944 en Kansas City y obtuvo su doctorado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Después de pasar tres años en la Universidad de Edimburgo, en Escocia, volvió a EEUU y, en 1974, el mismo año que Hall, comenzó a trabajar en la Universidad de Brandeis, Boston.

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Michael W. Young, nació en 1949, en Miami, Florida, se graduó en la Universidad de Austin, Texas, continuó sus estudios en la Universidad de Stanford y más tarde, desde 1978, en la Universidad de Rockefeller.

Desde el siglo XVIII, mediante el estudio de las plantas, se sabía que los seres vivos tienen relojes biológicos internos que preparan al organismo para la fluctuaciones del día; sin embargo, hasta los años 80 no pudieron identificarse los genes implicados en su funcionamiento. El sueño, la digestión, la presión arterial, la temperatura corporal, las concentraciones hormonales y oros aspectos biológicos están regulados por relojes internos que nos ayudan a adaptarnos a los cambios de nuestro entorno, como los ciclos de luz y oscuridad.369(3)

La adaptación biológica de los seres vivos al ritmo circadiano se conoce bien desde 1729. Aquel año, el astrónomo francés Jean Jacques d’Ortous de Mairan observó que las hojas de una mimosa se abrían y se cerraban a la misma hora del día, aunque se colocaran en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.

Con curiosidad por conocer los misterios de estos relojes biológicos, Michael Young, Jeffrey Hall y Michael Rosbash comenzaron a realizar experimentos con moscas de la fruta (Drosophila melanogaster), descubriendo en 1984 un gen clave (period) capaz de controlar los ritmos biológicos. Más tarde se descubrió que este gen codificaba una proteína (PER) que se acumulaba en el citoplasma de las células durante la noche y se degradaba durante el día, en ciclos de 24 horas. Posteriormente se descubrieron más genes con función parecida, similares en las plantas y los animales, que junto con los humanos personas sincronizan sus ritmos biológicos al ritmo de las vueltas de la Tierra.369(4)

Existe un reloj principal que, conectado con los ojos, recibe información sobre la existencia de luz u oscuridad y se sincroniza con a otros relojes periféricos, que se encuentran situados en distintos órganos con distintas funciones (concentraciones de melanotonina, metabolismo, presión arterial, división celular). Más de un 10% del genoma humano está influido por este reloj biológico.

https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/2017/press.html